Tardé 33 años en quitar el freno de mano.
La versión corta, tres minutos. Si algo te suena de dentro, quédate hasta el final.
Durante años viví con el pie a fondo en el acelerador y el freno de mano echado.
Hacía todo lo que tocaba: la carrera con salidas, el trabajo estable, la vida que se suponía que tenía que querer. Y el coche no se movía. Solo olía a quemado.
Me sentía como un pájaro al que no le falta ni el agua ni el pienso, pero que sigue en la jaula.
Por fuera, todo en orden. Por dentro, una vida que habían elegido otros por mí.
En 2019, con 32 años, tenía una depresión y seguía diciendo que estaba bien.
Una vocecita llevaba años diciéndome que mi camino era otro.
Ese año le hice caso: lo mandé todo a tomar por culo y me fui a vivir a Tailandia.
Me fui, y el freno se vino conmigo.
Seguía empezando proyectos y abandonándolos justo antes de enseñárselos a alguien. Escribía un diario cada día y no enseñé ni una página. Me llamé vago mil veces.
No era pereza. Era un freno con nombre propio, y tardé años en verlo.
- 0+
- proyectos empezados y abandonados
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- años de diario que nadie leyó
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- freno, con nombre propio
Lo que me sacó de ahí fueron tres pasos, siempre en este orden:
-
E
Encontrar
Ponerle nombre a lo que me frenaba. A lo que me frenaba de verdad, que casi nunca era lo que yo creía.
-
S
Sentir
Bajarlo al cuerpo: respiración, frío, baile, hablar con desconocidos. Lo que no se siente no se suelta.
-
A
Atravesar
Cruzar el miedo, con miedo. Una vez, y otra, hasta que dejó de mandar él.
Hoy vivo en Chiang Mai con Nicha y con Maya. Soy ingeniero informático, de Jaén, y me dedico a esto:
Ayudo a personas que saben que quieren cambiar algo, pero no saben qué las frena, a encontrar ese bloqueo y atreverse a cruzarlo.
¿Y tu freno, cómo se llama?
Si quieres seguir leyendo, te escribo un par de veces por semana: una historia real y algo pequeño para hacer en cinco minutos.
Si prefieres empezar por saber dónde está tu freno, haz el test de bloqueos: cinco minutos y sin registrarte.
P. D.: si te quedas mucho tiempo conmigo, corres el riesgo de que te lave el cerebro para que creas en ti mismo. Avisado quedas.
Alberto Romero Ruiz · Mapa Interno · Chiang Mai, Tailandia